Punto de Vista

PERDÓN, RECONCILIACIÓN Y EQUIDAD, LA VERDADERA FIRMA DE LA PAZ

Paola Falla Villa

Periodista @pafavi17

 

En esta época en que todo se centra en la pregunta si se va a votar sí o no al plebiscito, hay que comprender que la totalidad de los acuerdos no va a llenar de satisfacción a los colombianos. El voto sea blanco o negro, tiene como insumo los acuerdos gestados en La Habana, los cuales tienen una cantidad de matices que dependen del ojo del lector. Así que como cada elección a nivel político, en el mes de octubre tendremos gente satisfecha y otra molesta con el resultado.

Sin embargo, sea cual sea la postura de los ciudadanos lo que debe pensarse es qué viene después. “Ganadores o perdedores” el hecho consiste en un cambio cultural que seguro llevará muchos años para hacer asumido, apropiado, interiorizado y muy especialmente transmitido de generación en generación. Llegó la hora de crear nuevas rutas hacia el perdón, la reconciliación y la equidad.

Frente a la exigencia de la primera palabra, perdón, es importante ver cómo las víctimas requieren de gestos que manifiesten arrepentimiento. Muchos no piden reparación, tan solo esa palabra para recuperar un poco la paz interior que la guerra les arrebató por años. Pero este perdón no debe provenir solo de los actores directos del dolo,  debe incluir las disculpas (no excusas) por el abandono del Estado, y del resto de ciudadanos por la indiferencia que es un acto de barbarie hacia el prójimo. Así que desde este texto pido perdón por los momentos en que tanto yo como los demás ciudadanos, los herimos y maltratamos con un mal voto, con el silencio, con el prejuicio.

Ahora bien, quisiera comprender cómo la gente del común, de la élite, esa que ha visto el conflicto armado detrás de una pantalla es la más dura a la hora de hablar de perdón. Y aquí voy a poner el término hacia el que orientaré este texto: educación. ¿Qué se requiere para aprender a perdonar? ¿Quiénes somos para juzgar desde el desconocimiento? Y realmente aquí no importa si el escudo es la religión o no. Perdonemos desde ahora porque con el Sí o con el No, es la única manera de tener un mejor futuro.

Luego viene la reconciliación, que conlleva a la convivencia sin importar el pasado del otro. Desde lo anónimo de la vida del vecino, el compañero de trabajo, el cajero de supermercado, etc…estar en la capacidad de compartir espacios es hablar de una educación basada en valores. Muchas veces no sabemos con quienes socializamos, ni nos interesa. Entonces ¿por qué ahora quiero se quiere saber quién es un reintegrado? Hay que aprender a vivir desde el momento del contacto inicial con el individuo y no con un informe del pasado de los seres humanos ¿o quien quisiera hacer una antología de su vida para tener un nuevo amigo, trabajo o simplemente espacio en la vida del otro? No necesitamos opiniones construidas desde el pasado, debemos contar con  la mejor versión que cada uno pueda crear de sí mismo.

Y la tercera palabra, equidad, es imprescindible para la sostenibilidad luego de la firma, el cese al fuego y el plebiscito. Y es que no hay paz que sea duradera sino se construyen oportunidades para todos los colombianos; sin discriminación. Hay que buscar que desmovilizado, reintegrado, campesino, civil, militar, indígena, afrodescendientes, mestizo, rico o pobre, todos los colombianos tengan las mismas opciones. 

Hay una deuda histórica con muchas de las características que surgen de la diversidad. Pero también llegó la hora de no estigmatizar, segmentar, ni anular. Los colombianos piden a gritos oportunidades que lleven a tener una vida digna. Sin estratos, ni diferencias raciales o etarias se necesita un Gobierno que no sólo firme la paz sino que construya confianza a través de  resultados tangibles para todos.

Acá entonces es determinante comprender que los modelos de desarrollo deben ser iguales para que no existan los valores discriminatorios que décadas atrás generaron el conflicto. Frente a esta posición el rol de los empresarios y el sector educativo es vital. El primero hablando desde la innovación social como jalonadora de oportunidades; y el segundo, para promover una nueva historia que no se escriba desde el resentimiento sino desde las lecciones aprendidas.

Llegó el momento de votar el sí o el no pero más que eso, hacer que los niños, niñas y jóvenes logren tener un país renovado a partir de una cultura ciudadana equitativa. Ya se ha visto que entre menos edad más factible ver al otro con ojos de igualdad. Por lo tanto, viene un camino de reeducación para el adulto que lleva el histórico de violencia en su memoria, pero con quien debe construirse algo vital para el futuro de Colombia: el ejemplo!

Hagamos de la reeducación parte del proceso, aprendamos el perdón, la reconciliación y la equidad en cada una de las acciones, esta será la manera en que junto a las futuras generaciones no solo  se hable de una firma de la paz sino que se viva a plenitud. Solo me resta decir que por décadas nos resistimos a la guerra, así que con nuestra actitud – sin importar la opinión ni el voto- no nos resistamos a la paz.

Añadir nuevo comentario